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Dos gotas de Agua...

Cuando nuestras vidas se conocieron, cinco años nos separaban, cinco años que tu vida ya vivió, cinco que mi vida aún no conocía.

Al conseguír salir del sitio que forjó mi vida, con mi aún reciente olor a vida recorriendo mi cuerpo, fue como si mi alma mirase a la tuya desde el más profundo instinto, reconociendo los detalles, reconociendo la sangre, haciendo gala de sentimentalismo y fuerza. Tu alma desde la cercana lejanía estaba enfrente, esperando, sonriendo. Las dos, como entusiasmadas por la lluvia de fraternalismo, se cogieron fuerte, abrazándose, para que la continua complicidad que se inventaría, fuera algo memorable y envidiable.

Basta una mirada para sentir lo que sientes, para que la luz que iluminó tu camino ayer, sea la que se enfríe llegando a ser viento para rozarme la piel, como si de una caricia se tratase.

Mis suspiros cruzarían el mundo entero sin encontrar comprensión, pero, seguro, al llegar a tus manos, se convertirían en una imagen de mis ojos, con lágrimas por la apatía ajena pero esbozando una sonrisa por el sueño de contar contigo.

En el mundo que vivimos a la vez, existen lazos que unen, sentimientos que embrujan, pensamientos que asustan, letras que detallan el candor de la vida y, ante todo, el color rojo de la sangre bañando todos nuestros pasos y haciendo del camino una llama de fuego incandescente que adquiere el color verde que la esperanza nos enseñó como método de vida.

Me gusta vivir sabiendo que puedo contar contigo y que me basta tu modo de sostener con tu mano mi alma en esos momentos en los que, sin necesidad de que yo exprese que me invade la tristeza o la incomprensión, tú me ofreces la calidez de tus palabras.

Gracias a la vida por darnos un hilo conjunto en el que, ahora, más que nunca, tenemos la oportunidad de ser grandes.

Gracias a ti por ser mi hermano .

04/03/2007 08:58. Autor: tremmulo. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

Un día, una vida

Comienza un día más, con su luz casi cegadora que no nos deja abrir los ojos, con esa fuerza renovada y nuestra mente abierta para aprender y para luchar.

Cuando el día esté más adentrado en horas, la luz comenzará a tomar forma hasta convertirse en brillo y fuerza, con la ilusión de cumplir lo que nuestro día nos ofrece, de ser nosotros mismos.

Luego podremos dar la bienvenida a La Tarde, con ella parece cumplido parte del día, cada hora que pasa, una experiencia vivida, un sueño ganado, quizás es la parte del camino en la que pasamos por distintas “metas”, algunas salieron como se habían previsto, otras… decepción.
Miré al cielo en la oscura noche y no encontré luz, solo color negro, ese color que dicen es la ausencia de color, ese que baña esas noches, vistiéndolas de galantería nocturna y magia casi inventada.

Como bebés recién nacidos, comenzamos a vivir en medio de luz, una luz tan fuerte llamada vida que no nos dejaba abrir los ojos. Con el tiempo, todo comenzó a tomar forma también en nuestras vidas, hasta el punto de confiar en nuestras posibilidades, hasta el punto de vernos capaces de cumplir lo que creíamos oportuno, todo se bañó de ilusiones.
Luego comprendimos como algunas de las metas se cumplían, otras pasaban a otro plano, incluso el desengaño se adueñó de nosotros.
La oscuridad de la noche no deja de simbolizar la falta de fuerzas y cansancio que quizás todos sentiremos en la recta final del camino pero la magia que tiene ese color oscuro nos recuerda que todos tenemos derecho a seguir luchando, a vestirnos de luz en medio de toda esa oscuridad y ganar la batalla.

“Dulces Sueños…”

04/03/2007 09:43. Autor: tremmulo. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.